La escultura griega; profundo conocimiento del cuerpo humano.

Los griegos hicieron uso de su profundo conocimiento del cuerpo humano, motivo por el cual la escultura griega alcanzó tan elevada perfección que se convirtió durante siglos en el canon de la belleza física.

Después de las rígidas representaciones del período arcaico arribamos al equilibrio y la plenitud del período clásico al que la etapa helenística le agregó un gran dinamismo, emoción y expresividad.

Los exponentes más primitivos de la escultura son las “xoanas” (estatuillas) de madera, dejadas atrás en el período arcaico y sustituidas por los “kuroi” y las “kurai” que no son más que estatuillas en piedra con apariencia estática y que buscaban resumir el modelo ideal de belleza masculina y femenina.

Auriga de Delfos

Auriga de Delfos

Discobolo

Discobolo

Posteriormente en el período protoclásico se aprecia una menor rigidez en las figuras y un modelado más suave, también se empiezan a realizar esculturas en bronce, como el espléndido Auriga de Delfos.

El período clásico de la escultura griega se sitúa a mediados del siglo V a.C.  y resalta por la

obra de tres grandiosos artistas. La evolución hacia el estilo clásico la inició Mirón, con su inigualable representación de movimiento estampada en el célebre Discobolo.

Después vendía Fidias, quien encarna el paradigma del clasicismo con obras monumentales como la Atenea Parthenos y el Zeus del templo de Olimpia, así como de los relieves del Partenón.

escultura

Doríforo (izq) y Diadúmeno (der).

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Hermes y el niño Dionisos

Finalmente nos encontramos con Policleto, un tratadista y teórico del cuerpo humano y sus proporciones ideales, reflejadas en sus obras como el Diadúmeno y el Doríforo.

Los exponentes de la escultura del siglo IV a.C. continúan con la búsqueda del equilibrio y la serenidad clásicas, a la que tratan de añadir el reflejo de sentimientos y emociones. Son representantes de este período Lisipo, quien introduce un nuevo canon de figuras de líneas más alargadas como en Apoxiomenos; Escopas, escultor que acentúa el dramatismo y la intensidad en la expresión de los rostros; y Praxíteles, que evoluciona hacia formas más sinuosas y sensuales, de ahí deriva la llamada curva praxiteliana, misma que se puede apreciar en Hermes y el niño Dionisos.

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Grupo de Laocoonte; Museo del Vaticano

escultura griega

Venus de Milo – Museo del Louvre.

Durante el período helenístico culminan las tendencias anteriores, con esculturas que siguen fielmente los principios del clasicismo: Altar de Pergamo y La alegoría del río Nilo, pero en el que se juega con la insinuación de la carne bajo trabajados ropajes, Venus de Milo y Victoria de Samotracia, o remarcando el dramatismo y el movimiento como en Grupo de Laocoonte.

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