¡CIERRA LA PEPSI! – By Cale Agundis

¡Cierra la Pepsi! ¿Cómo comenzar a explicar este texto? Verán, desde que tengo uso de razón, en la vida de mi primer hijo y, desde que aprendió a abrir los refrescos de rosca, un karma le sigue. Siempre y no hay vez que le falle, que, aunque no estén agitados, ¡le explotan! De estar sentadito normal en la mesa, de pronto se ve bañado de refresco de gas hasta las pestañas.

Es como cuando tu vida pasa cotidianamente y sin pensarlo, sin calcularlo, sin esperarlo, y de pronto te ves envuelto en un problema en el que tienes que reaccionar rápidamente. Y, desde que tengo ese uso de razón, su papá le grita: –¡Cierra la Pepsi! –. En cuanto a yo, nada más me quedo observando, pensando, en que tengo que levantarme a limpiar.

Es una tontería, pero analicemos: en cuanto mi hijo vuelve a cerrar la Pepsi, las aguas se calman. Es la visión, la importancia en una familia, un papá y una mamá. El papá reacciona rápido y prácticamente ante las situaciones repentinas que a veces la vida nos da, mientras que las mamás, al menos en mi caso, somos más despistadas y tardamos en reaccionar.

Ese papel importante de un papá en la familia es el de estar alerta de los problemas y, a veces tan sencillos, como la técnica para abrir un refresco y que no explote. La transición a la paternidad es un momento crucial en la vida de un hombre. Si los hombres desean asumir esta relación con sus niños experimentarán uno de los cambios más importantes, mágicos e inolvidables de su vida y de su desarrollo personal.

Imagino el día de mañana que mi hijo tenga un problema grave y escuche las palabras de su papá diciéndole: “–Cierra la Pepsi”–, es poner una solución rápida a un problema, es reaccionar ante algo imprevisto. Son palabras que se quedan en el inconsciente para siempre y que llevarán a hacer uso de ellas en ciertas situaciones de la vida. “Cerrar la Pepsi” es acabar con el problema, enfrentarlo, aunque todo esté perdido, ponerle fin. Es poner solución antes de seguir siendo parte del problema.slogan1enero

No es fácil definir el amor paterno. Siempre se le hace más el halago a la mamá por ser la persona que más tiempo, en la mayoría de los casos, pasa con los hijos y por ser ella quien los aparea. Pero un modo de demostrar también amor es la forma en la que un padre está presente en la vida del niño ayudándolo con sus necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales. El hecho de compartir tiempo, actividades, conversaciones significa un apoyo constante que los niños perciben de forma duradera en sus vidas.

Si al franquear una montaña, en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cuál es la estrella que lo guía y, ese lucero que orienta siempre, se llama Papá.

Copyright 21/06/2015 Autor Cale Agundis

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