Cinco medidas que el mundo requiere tomar.

El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, señaló en días recientes que desde la segunda guerra mundial no se registraban necesidades humanitarias de la magnitud de las que actualmente se viven en distintas zonas del mundo. Conflictos como el de Siria, sequías como la que azota a Etiopía, la guerra civil en Sudán y la violencia desmedida del grupo Boko Haram en Nigeria han provocado un desastre en la vida de más de 125 millones de personas, dejándolas en una situación desesperada que precisa de asistencia y protección.

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Este niño es uno de los miles de iraquíes que huyeron de la violencia del ISIS a la región alta del norte de Kurdistán en el invierno de 2014 sin llevar nada más que la ropa que traían puesta. Desde que llegaron a esa zona dependen por completo de las agencias humanitarias. Foto: OCHA/Iason Athanasiadis

Ante el panorama desolador en materia humanitaria, el Secretario General presentó la Agenda para la Humanidad, en la que distingue cinco áreas que demandan una acción colectiva para tomar las medidas e implementar los cambios que el mundo requiere.

Prevenir y poner fin a los conflictos

Nada cambiará para los millones de niños, mujeres y hombres atrapados en situaciones de crisis a menos que los líderes políticos muestren la voluntad de evitar y prevenir esos escenarios. Los dirigentes mundiales –incluidos los integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU– deben actuar con compasión y valentía a la hora de tomar decisiones colectivas. Necesitan analizar los riesgos de conflicto y reaccionar a tiempo para salirles al paso. Tienen que usar sus capacidades políticas, económicas y de todo tipo para prevenir conflictos y encontrar soluciones. También deben dejar de lado sus divisiones para invertir en sociedades pacíficas e inclusivas.

Respetar las reglas de la guerra

A menos que las leyes internacionales humanitarias y de derechos humanos se monitoreen y respeten, y que quienes las violen rindan cuentas cada vez que lo hagan, los civiles seguirán siendo la vasta mayoría de los muertos en los conflictos, y los hospitales, escuelas y casas continuarán siendo destruidas. Además, los civiles permanecerán atrapados entre las partes enfrentadas y los trabajadores de ayuda seguirán sin poder llegar hasta ellos y arriesgándose cuando intenten hacerlo.

No dejar a nadie atrás

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“Imagine a su hijo frente a usted. Tiene hambre y usted no tiene nada para alimentarlos. Está asustado y usted no puede protegerlo. La gente de Yemen necesita ayuda desesperadamente. Necesita que el mundo le haga caso y necesita que la comunidad internacional detenga este conflicto.” Foto: OCHA/Charlotte Cans

Imagine ser una de las personas más vulnerables del mundo. Haber sido desplazado por la fuerza o porque la sequía ha matado sus cosechas por quinto año consecutivo. Ser apátrida o perseguido a causa de su raza, religión o nacionalidad. Ahora imagine que el mundo dice que ninguna de esas personas quedará atrás, que los más pobres serán incluidos en los programas de desarrollo, que los líderes mundiales trabajarán para reducir a la mitad el desplazamiento, que las mujeres y las niñas serán empoderadas y protegidas, y que todos los niños podrán ir a la escuela, independientemente de que vivan en zonas de conflicto o sean desplazados. Todo esto podría ser realidad si los líderes se rigieran por estos compromisos.

Un enfoque diferente para poner fin a las necesidades del mundo

Los desastres naturales súbitos nos tomarán por sorpresa, pero muchas de las crisis que debemos atender son predecibles. Imagine trabajar con comunidades en riesgo y actores que las ayuden a prepararse para ser menos vulnerables cuando las crisis se presenten. Imagine que no sólo recopilamos mejor información sobre los riesgos, sino que también actuamos oportunamente al respecto. Con este enfoque podríamos reducir los riesgos y vulnerabilidades a escala global.

Invertir en la humanidad

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“Las nuevas bombas de agua operadas con energía solar han cambiado nuestras vidas”, dijo Al Tayeb Idris, maestra e integrante del comité de administración del agua en Azerni, en la región sudanesa de Darfur Occidental. “Ahora contamos con agua diario. Antes, con el sistema motorizado, caro y poco fiable, podíamos considerarnos con suerte si el agua bombeaba dos veces a la semana.”

Si de verdad queremos actuar con respecto a nuestra responsabilidad con la gente vulnerable, necesitamos invertir en ella tanto política como financieramente. Esto significa aumentar los fondos no sólo para las respuestas, sino para la reducción de riesgos y la preparación, para la resolución de los conflictos prolongados y la construcción de la paz. Quiere decir impulsar las respuestas locales por medio de un mayor financiamiento a las ONG nacionales y a los fondos compartidos. Significa dejar de bloquear inversiones cruciales, como los flujos de remesas. Y quiere decir ser más creativos para conseguir recursos, utilizar créditos, subvenciones, bonos y mecanismos aseguradores; trabajar con bancos de inversión, compañías de tarjetas de crédito y mecanismos islámicos de financiamiento social, así como con donantes. Hace falta que los donantes sean más flexibles en la manera en que financian las crisis, y que las agencias de ayuda sean más eficientes y transparentes en cuanto a su forma de gastar el dinero.

Fuente:  Naciones Unidas. http://www.un.org/spanish/News/

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