Eiffel, el apasionado ingeniero creador de la famosa torre.

Torre EiffelCerca de 7 millones  de visitantes suben anualmente por los ascensores acristalados de la Torre Eiffel para extasiarse ante el maravilloso espectáculo que ofrece el panorama de París desde las alturas; el brillante colorido de sus avenidas, los magníficos edificios, la encantadora dignidad de la capital francesa con sus calles y plazas bordeadas de árboles.

Para la mayoría de las personas que han tenido la oportunidad de vivir esa experiencia, significa una de esas impresiones que duran toda la vida. Y eso es precisamente lo que Gustave Eiffel se propuso cuando construyo la airosa maravilla de ingeniería.

Por extraño que parezca, aunque la fama de la torre ha llegado a todos los rincones del planeta, el propio Gustave Eiffel es relativamente desconocido. “La verdad es –comentó en cierta ocasión—que debería sentirme celoso de la torre”.

Y es que en realidad, el ingeniero y arquitecto francés había hecho muchas cosas más. En su momento se le conoció como el padre de las modernas construcciones de acero. Gustave Eiffel tendió algunos de los puentes más grandes del mundo con técnicas audaces que revolucionaron esta rama de la ingeniería.

Eiffel GaravitSu primera obra de este tipo la realizó en Burdeos en 1858; en 1877 diseñó el impresionante arco de metal de 160 metros del puente sobre el Duero, cerca de Oporto. Poco más tarde superó su propia marca con el viaducto de Garabit, (en la imagen) durante muchos años el tendido artificial más alto del mundo (120 metros).

Sus experimentos en toda clase de construcciones iniciaron la transición de la etapa de la piedra y la madera a la moderna época del acero y el concreto. Muchos de los principios de ingeniería que se siguieron en el trazado de los rascacielos neoyorkinos provenían de los cálculos que sirvieron de base a las obras maestras de Eiffel, construidas varias décadas antes.

A él también se debe el primer túnel aerodinámico y muchos de los principios fundamentales para el diseño y proyección de las alas y hélices utilizadas en la aviación.

Gustave EiffelLo más asombroso de mi abuelo, –platicaba con gran admiración uno de sus nietos—era su inagotable capacidad de gozar con todo lo que hacía. Trabajaba más que cuantos hombres he conocido y era también el más feliz de todos.

Se incluyen en su haber obras tan diversas como el domo móvil del observatorio de Niza o la estructura metálica de la célebre estatua de la Libertad, en Nueva York y por supuesto; su logro más impresionante, la maravillosa torre Eiffel.

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