El verdadero origen de estas frases cotidianas

¿Alguna vez te has preguntado de dónde vienen algunas frases cotidianas como “las paredes oyen” o “me costó un ojo de la cara”? ¡Esta es la explicación!

Las paredes oyen

Al parecer, esta frase viene de Francia, cuando la reina Catalina de Médici mandó instalar secretamente una amplia red de conductos acústicos en las paredes de palacio, estas le permitirían oír las conversaciones del lugar aún a distancia. Sus sospechas de conspiración la llevaron a ingeniar tal método para descubrir a aquellos que atentaran contra los intereses reales. Cuando fue descubierto, la servidumbre y los miembros de la corte se encargaron de decir que las paredes tenían oídos. Se conservó la frase y con el tiempo se convirtió en “las paredes oyen”.

Te trajo la cigüeña

La respuesta cuando un niño pregunta ¿cómo nacen los bebés? se relaciona con el hecho de que esta ave es cariñosa y cuidadosa con sus crías. Por ello, los germánicos creían que era enviada por los dioses y la veneraban como pájaro sagrado. Incluso en una fuente de un barrio de Dresde, en Alemania, hay esculpida una cigüeña que lleva en su pico a una criatura en pañales. Y no es todo sino que para 1461 se le llamaba “fuente de la vida” y se creía que su agua era milagrosa y podía curar a las mujeres estériles.

Me costó un ojo de la cara

Esta frase viene desde los tiempos de la conquista del Imperio Inca, donde Diego de Almagro fue herido en uno de sus ojos por una flecha disparada por un indio. Más tarde, cuando regresó a España y se reunió con el rey Carlos I le comentó: “El negocio de defender los intereses de la corona me ha costado un ojo de la cara”. De ahí en adelante se ha difundido la frase que ya lleva casi 500 años en boca de muchos.

Pensando en la inmortalidad del cangrejo

Esta frase usada generalmente cuando una persona tiene la mirada perdida proviene de la antigua creencia de que el cangrejo no moría debido a la capacidad de regenerar su exoesqueleto conforme sus órganos siguen creciendo. También, según la mitología, un día Zeus habló con un crustáceo quien le confesó que caminaban de lado para engañar al tiempo y mantener su misma edad para siempre.

Échame aguas

Seguramente muchos no dirían esta popular frase si supieran de dónde proviene. La historia se remonta al tiempo de la Colonia, cuando aún no existían los excusados. La gente usaba bacinicas que, cuando llegaban a su tope, tenían que ser vaciadas y la costumbre era tirarlo desde la ventana a la calle. Por educación, tenían que advertir a los peatones gritando “¡Aguas!”

¿Conoces otras frases cotidianas curiosas?

Fuente: Planeta Curioso

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