Y tú, ¿eres o no eres un verdadero dandy?

Aunque el término dandy se acuñó en algún momento a finales del siglo XVIII, lo cierto es que los dandys han existido desde el amanecer de la humanidad. Y es que en las diferentes épocas históricas siempre ha habido hombres que se han distinguido de los demás por su extremada elegancia y sus buenos modales.

Charles Baudelaire, el famoso poeta y ensayista francés, veía al dandy como “aquel que ha elevado la estética a la categoría de religión” y aseguró que era “el último destello de heroísmo en la decadencia”, pero el dandismo va mucho más allá de la mera apariencia. Oscar Wilde lo definió como “la declaración de la absoluta modernidad en la belleza”.

Como la modernidad enseguida se queda antigua, los códigos de los auténticos dandys evolucionan al mismo ritmo que la sociedad. El dandismo es una filosofía vital que huye del postureo banal para decantarse por lo auténtico, que prefiere la calidad a la cantidad y que sabe que el todo es la suma de los pequeños detalles.

El dandy es alguien de carácter audaz, que se encuentra cómodo mezclando lo común con lo original (incluso con un toque excéntrico), cultivado, un poco sinvergüenza, con mucho sentido del humor y, sobre todo, alguien que huye de lo convencional.

No desafía las normas establecidas porque sabe que eso sería una pérdida de tiempo. Él prefiere interpretarlas a su manera, flexibilizarlas o estirarlas hasta sacarles el máximo partido.

13th, H, and New York Avenue

No tiene un armario lleno de ropa, sino unas cuantas prendas escogidas, pero de mucha calidad. Apuesta por un estilo de una elegancia y distinción innatas, que muestran su feroz individualidad porque no le gusta vestir ni vivir como los demás.

Las corbatas las reserva solo para las ocasiones que de verdad la requieren. Para el día a día prefiere la trilogía camisa-chaleco-chaqueta que le proporciona un punto sofisticado sin coartar su libertad de movimientos. Más que romper con el pasado, prefiere renovar los clásicos.

En su casa conviven, en perfecta armonía, muebles vintage con otros de diseño vanguardista. Aunque tiene ordenador, sabe que hay cosas que únicamente se pueden escribir a mano y mejor con pluma estilográfica que con bolígrafo.

Claro que tiene un libro electrónico, pero sólo lo utiliza cuando viaja. A él le gusta sentir el tacto del papel y escuchar el casi inaudible roce al pasar las páginas, por eso cuenta con una gran librería con todo tipo de títulos, desde obras clásicas, pasando por la poesía romántica hasta los best sellers de temporada.

No solo de alta literatura vive el dandy. Conserva su viejo tocadiscos y su impresionante colección de vinilos suena a diario por unos modernos altavoces.

Y, por supuesto, los complementos. Usa reloj, pero más como joya que por necesidad, y nunca sale a la calle sin su perfume. Ese mensaje invisible que anuncia su llegada y que permanece en el ambiente después de su marcha. Una declaración de intenciones que es el paradigma de la coquetería, pero también de la provocación.

Al dandy le encanta su salida cítrica y especiada de bergamota, pimienta rosa y cardamomo y su sorprendente corazón floral de pétalos de jazmín, comino y té negro. Y en el fondo, la nobleza de las maderas de cedro y pachuli que se fijan en la piel gracias al acorde de ámbar gris.

Y tú, ¿eres o no eres un verdadero dandy?

Con información de: http://www.revistagq.com

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