Escasez: Así funciona nuestro cerebro cuando carecemos de algo

Durante mucho tiempo, los científicos sociales han intentado entender lo que denominan la “trampa de la pobreza“, el mecanismo que se preserva a sí mismo y provoca que la pobreza persista en una espiral inescapable. Sin embargo, recientes estudios indican que este mecanismo no sólo se restringe al funcionamiento de la pobreza, sino que otros tipos de escasez, como la productividad de los crónicamente ocupados o la relación de la comida de aquellos que están a dieta, podrían estar regidos por el mismo mecanismo.

En el libro “Escasez:por qué tener tan poco significa tanto”, escrito 9780141049199por el economista Sendhil Mullainathan y el psicólogo Eldar Shafir, se nos explica que la escasez de un determinado recurso reduce nuestra capacidad cognitiva, ocasionando que nuestro cerebro se enfoque de manera casi obsesiva en una sola cosa: aquella de la cual carecemos. Este mecanismo, denominado por los autores “tunneling“, significa que la mente se orienta de manera automática y poderosa hacia las necesidades insatisfechas.

En el laboratorio, Mullainathan y Shafir replicaron condiciones artificiales de escasez, usando, entre otros mecanismos,juegos de video, y los resultados fueron sorprendentes. La escasez cambia la manera en la que pensamos, cómo ponderamos nuestras decisiones, y cómo nos comportamos: cuando hacemos estas cosas en condiciones de escasez, lidiamos con los problemas de manera diferente.

Mullainathan y Shafir señalan que hay tres factores de la inteligencia que pueden ser medidos en condiciones de escasez y en condiciones normales: la inteligencia fluida (la manera en la que procesamos información y tomamos decisiones), el control ejecutivo (que determina qué tan impulsivamente nos comportamos) y la capacidad mental (o como ellos lo denominan, “ancho de banda”). Todos estos factores se ven reducidos de manera significativa por la escasez: ésta reduce nuestra agudeza, nuestra visión de futuro y nuestra capacidad de control.

El estudio llevado a cabo por los autores dio como resultado que simplemente elevar las preocupaciones financieras de las personas perjudicaba su desempeño cognitivo incluso más que los estados de foto_0000000220130721180319privación de sueño. Las personas pobres, en el estudio, eran más impulsivas y tomaban peores decisiones que aquellas que no se encontraban en escenarios de carencia. De hecho, en mediciones de cociente intelectual, las situaciones de escasez grave eran capaces de reducir hasta quince puntos el cociente de una persona determinada, una cantidad capaz de llevar a cualquiera de una puntuación dentro de la media a una por debajo de la media.

La capacidad de concentrarse en una sola cosa y dejar de lado todo lo demás puede, al mismo tiempo, ser muy efectiva para una meta stressconcreta, y muy peligrosa para otras actividades. La presencia de una escasez de tiempo, por ejemplo, puede hacer que nos concentremos en una tarea -el informe que debemos entregar- y descuidemos todas nuestras responsabilidades restantes -que olvidemos ir a buscar a nuestros hijos al colegio-.

Es así como nos vemos atrapados en un círculo vicioso de falta de tiempo, dinero, afecto, o cualquier otro recurso: la escasez misma es lo que nos atrapa, creando las condiciones en nuestro cerebro para seguir tomando decisiones a corto plazo, mal informadas, y bajo sensación de urgencia, en vez de decidir lo que es mejor para nosotros a largo o mediano plazo.

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