Frida Kahlo; una infancia complicada.

Hoy que se cumple el 109 aniversario del nacimiento de la emblemática artista mexicana, Frida Kahlo, compartimos con Ustedes algunos pasajes de su infancia, mismo que se verán reflejados posteriormente en varias de sus obras y que nos ayudan a comprender lo maravilloso de su arte.

Frida

Mis abuelos, mis padres y yo

Además de una pintora mundialmente famosa, Frida Kahlo fue una mujer de extremos. La fama y el reconocimiento de su talento no mitigaron el sufrimiento que le acompaño toda su vida. Tanto desde un punto de vista físico como moral. Su matrimonio con Diego Rivera le deparó un sinfín de alegrías y sinsabores.

En el terreno pictórico el mismo Rivera reconoció; “Es la primera vez en la historia del arte que una mujer ha expresado con franqueza absoluta, descarnada y, podríamos decir, tranquilamente feroz, aquellos hechos generales y particulares que conciernen exclusivamente a la mujer. Su sinceridad, a la vez tierna y cruel, la ha llevado a dar de ciertos hechos el testimonio más indiscutible y cierto; por eso ha pintado su propio nacimiento, su amamantamiento, su crecimiento en la familia y sus terribles sufrimientos de todo orden, sin llegar jamás a la más ligera exageración o discrepancia de los hechos precisos, conservándose realista… hasta en los casos en que generaliza los hechos y sentimientos.”

Pese a que le gustaba identificar el año de su nacimiento con el del inicio de la Revolución Mexicana, (1910) la realidad es que Magdalena Carmen Frieda Kahlo Calderón (Frieda es el verdadero nombre, no se trata de un error de dedo) nació un 6 de julio de 1907 en la casa azul, una hermosa propiedad del barrio de Coyoacán, en aquel entonces en las afueras de Ciudad de México.

Frida y sus primeros años

Frida

Retrato de Cristina, mi hermana.

Frida era la tercera de las hijas del matrimonio formado por Wihelm Kahlo y Matilde Calderón. Matilde y Adriana eran las hermanas mayores. Más tarde vendría al mundo Cristina, la última de las hijas del matrimonio Kahlo – Calderón.

Frieda escribió en cierta ocasión en su diario: “Mi madre no me pudo amamantar porque a los once meses de nacer yo, nació mi hermana Cristina. Me alimentó una nana a quien lavaban los pechos cada vez que yo iba a succionarlos. En uno de mis cuadros estoy yo con cara de mujer grande y cuerpo de niñita, en brazos de mi nana, mientras de sus pezones la leche cae como del cielo.” La artista hacía referencia a “Mi nana y yo”, obra realizada en 1937 y en la que el rostro del ama, desnudo de la cintura para arriba, está sustituido por una máscara de piedra precolombina de Teotihuacán.

Frida

Mi nana y yo

No disfrutó nunca del cariño ni de la dedicación de su madre. Motivo que explica en cierta manera las tensas relaciones que siempre mantuvo con ella. “Era una mujer bajita, de ojos muy bonitos, muy fina de boca, morena. Era como una campanita de Oaxaca donde había nacido. Cuando iba al mercado ceñía con gracia su cinturón y cargaba coquetamente su canasta. Muy simpática, activa, inteligente. No sabía leer ni escribir; solo sabía contar el dinero.” Pese a lo cual también la calificó de calculadora, cruel y fanáticamente religiosa.

El gran apoyo de su padre

En sentido contrario, su padre fue para ella una persona entrañable y cariñosa. Escribió en su diario: “Mi niñez fue maravillosa, aunque mi padre estaba enfermo, (sufría vértigos), para mi constituía un ejemplo inmenso de ternura, trabajo y, sobretodo, de comprensión para todos mis problemas.” Estos sentimientos aparecen plasmados en el tardío retrato de mi padre.

RETRATO DE MI PADRE GUILLERMO KAHLO

Retrato de mi padre, Guillermo Kahlo

Frida siempre recordaba que, cuando enfermó de poliomielitis a los seis años, él se encargó de ella con gran dedicación durante los nueve meses que duró su convalecencia. A pesar de aquellos cuidados y del constante animo que siempre le transmitía para que hiciese sus ejercicios de gimnasia terapéutica, su pierna derecha quedó más delgada y corta que la otra, lo cual siempre la acomplejó. Los otros niños la atormentaban llamándola pata de palo, y ella intentó ocultar aquel defecto de joven bajo pantalones y más tarde bajo largas faldas mexicanas.

Su progenitor le llenó la vida llevándosela de excursión y, mientras el pintaba acuarelas, Frida recogía insectos, plantas y cochinillas a la orilla de los ríos. El padre siempre tuvo gran influencia en la educación artística de Frida, y como este apoyo que siempre recibió de él, motivo a la futura artista a evolucionar en la pintura, a pesar de que en su época no era tarea de mujeres.

Ambos disfrutaban de la mutua compañía aprovechando al máximo las oportunidades que les permitían estar juntos.

La Revolución

Frida creció en un ambiente moderadamente privilegiado. Protegida de los peores efectos de la revolución, que estalló cuando tenía tres años, acabó cuando tenía trece y arrojo como balance más de un millón de muertos.

Frida

Autoretrato con traje de terciopelo

Presenció desde la Casa Azul la lucha entre zapatistas y carrancistas. Y vio cómo su madre abría los balcones de la casa para atender a las tropas de los primeros. Su padre se arruino tras la caída del régimen de Díaz y las consecuencias posteriores. Pero siguió luchando para sacar adelante a la familia. Además, de la misma manera que no dudó en pagar a Frida los mejores centros deportivos para su re-educación física, tampoco quiso regatear en la elección de la escuela preparatoria. La consideraba la más inteligente de sus hijas y no escatimó esfuerzo alguno para ponerle los mejores medios a su alcance para triunfar en la vida.

Posteriormente sucedería el accidente del tranvía entre cuyos efectos despertaría una gran pasión en Frida; la pintura. Pero de eso les platicaremos en una próxima nota.

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