Gengis Khan; el terror del mundo.

Gengis Khan forjó a través de sucesivas conquistas, el imperio más vasto que ha conocido el mundo. Una enorme extensión que corría desde las orillas del océano pacifico, hasta el corazón mismo de Europa. En aquella época, dicho imperio incluía a la mayor parte del mundo conocido y más de la mitad de la población existente en él. La capital del imperio mongol era Karakorum, centro del mundo oriental y una real amenaza para las fuerzas del cristianismo.

Genghis-KhanGengis Khan: El señor de los mongoles

En 1206, Gengis Khan fue elegido señor de todos los nómadas de la estepa

Ningún hombre de armas ha sido tan exitoso como Gengis Khan. Por ejemplo; Napoleón y su gran carrera militar terminaron con una aplastante derrota. Por su parte, Gengis Khan jamás perdió una sola batalla. Murió a una edad avanzada y en pleno apogeo de sus victorias. Con un imperio en franca y vigorosa expansión.

A diferencia de otros grandes militares, que recibieron a ejércitos previamente formados, entrenados y fortalecidos, el emperador mongol tuvo que forjar sus propios combatientes e instrumentos de guerra.

Casi siempre sus ejércitos se vieron obligados a enfrentar a naciones que poseían fuerzas muy superiores en número. Se afirma que Gengis Khan nunca logró poner más de 200,000 hombres en pie de lucha. Sin embargo, con esas pequeñas tropas, demolió grandes imperios con muchos millones de habitantes.

Su verdadero nombre era Temujén, pero el mismo se puso el nombre de Gengis Khan que significa “Soberano poderosísimo”.

Un imperio llamado a perdurar

Bajo el mando de Gengis Khan, en poco más de veinte años, los mongoles conquistaron buena parte del norte de China, entonces ocupado por el reino de Xi Xia y el imperio yurchen, y destruyeron el imperio musulmán de Juarezm, situado en Asia Central.

Los sucesores del conquistador mongol continuaron las conquistas, y en unos años sus ejércitos amenazaban países tan distantes entre sí como Hungría, Egipto y Japón.

Gengis Khan forjó El terror como arma

El componente más polémico del estilo de guerra mongol fue el terror. En sus conquistas de Estados sedentarios, Gengis Khan aplicó premeditadamente una política del miedo, difundido a través de la violencia. Pero esta práctica no era la acción descontrolada de unos «bárbaros» sedientos de sangre, sino un instrumento calculado para facilitar las conquistas: cuanto más se resistía una zona, más cruel era la actuación de los mongoles, y los aterrorizados supervivientes de las represalias –a los que a menudo dejaban escapar los propios mongoles– eran los involuntarios portadores del mensaje de que toda resistencia contra el invasor era inútil.

La grandeza de Gengis Khan no se limita al ámbito militar. El caudillo mongol sentó las bases del nuevo imperio, creando una administración basada en consejeros y funcionarios procedentes de los territorios conquistados (otra vez la meritocracia) que dio continuidad a aquel inmenso Estado. De esta forma, evitó que sus conquistas fueran simplemente una gigantesca operación de saqueo y logró que se convirtieran en la base de lo que, al cabo de unas pocas décadas, bajo el gobierno de su nieto Mongke Khan, llegó a ser el Imperio terrestre más extenso de la historia.

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