La Bora, el viento que barre Trieste.

La Bora es un viento muy fuerte que sopla desde el noreste en el mar Adriático, Croacia, Italia, Grecia, Eslovenia y Turquía. Es frío y seco y se debe a la formación de un ciclón estacional en el mar Mediterráneo. Y como estos últimos días hemos tenido en la capital potosina un ventarrón, en La Vida Va! te contamos de la Bora, este fenómeno que atrae a miles de personas y que nada le pide al aironazo que vivimos en febrero y marzo en San Luis Potosí.

Trieste es una ciudad italiana situada en el norte del país, a orillas del mar Adriático. Es imposible hablar de este lugar y obviar el condicionante climático más definitorio de la ciudad más al este de Italia, la Bora. Este tipo de viento es difícilmente clasificable, para empezar podemos decir que tiene personalidad propia, humor y  hasta mal carácter. Huyendo de la prosopopeya y la literatura podemos afirmar que la Bora es un viento tempestuoso, que de forma improvisada empieza a castigar con fuerza y durante días desde las pendientes cásrticas  hacia la orilla del Adriático, barriendo las plazas y calles triestinas,y todo lo que se encuentre a su paso.

La bora

La potencia de la Bora es tal que históricamente se ha llegado a 170 kilómetros por hora. Si comparamos con otras zonas de Italia donde los 30-40 kilómetros por hora ya suponen una “ventisca”, podemos entender la magnitud de la Bora, cuya media es de 70/80 km por hora. Es un viento que sopla con irregular intensidad, lo que provoca esa sensación de caos. Aunque en lugares de Croacia como Segna o Aidussina en Eslovenia, la bora de Trieste es la más célebre.

Un refrán típicamente triestino dice que la bora dura casi siempre 3 días, el primero nace en Dalmacia, el segundo alcanza todo su poderío en Trieste, y el tercero se disuelve cuando llega a Venecia.

La denominada “bora chiara” se produce con el cielo limpio y la “bora scura” se desemboca con lluvia y nieve acompañando las grandes ráfagas. Del nombre Bora, derivan el Boraccio cuando se desata en todo su esplendor, el Borino cuando llega mermado y apacible. En invierno la Bora es omnipresente, tanto que ha dado lugar a una corriente cultural que la presenta en canciones, poemas, manifestaciones culturales, estudios científicos y hasta en la creación de un museo.

Las autoridades conscientes de los destrozos y problemas que produce la Bora, despliegan mecanismos para evitar accidentes y heridos. El más particular es el de lanzar cuerdas por las calles, para que la gente pueda desplazarse sin salir, literalmente, volando.

Así que si te gustan las experiencias extremas, tal vez quieras ahorrar para viajar a Trieste y experimentar uno de los acontecimientos climáticos más famosos del mundo. La próxima vez que haya un ventarrón en la capital, recuerda, la Bora es la madre de todos los aires.

 

T.S. Bela.

No escribiré un ensayo de vanidades.

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