SI hay algo que Hollywood ama, es Hollywood.

En caso de que La La Land gane el Oscar de la mejor película el 26 de febrero – como probablemente lo hará y debería –, se convertiría en una de las cintas más aclamadas en los últimos años. Pero descartar tal victoria como ejemplo de meras felicitaciones de la industria, ignoraría el hecho de que esta es una gran película se mida como se mida.

Gosling y Stone se convierten en dos soñadores en busca de sus respectivos objetivos en Los Ángeles. El primero es un pianista de jazz que ansía dirigir su propio club y la segunda es una actriz luchadora con una serie de audiciones fallidas.

Después de un número de incontables encuentros sin éxito, finalmente sucumben a su química, se enamoran y se apoyan  mutuamente hacia sus respectivos sueños. ¿Pero su romance puede sobrevivir los altibajos de vivir en La La Land?

Como un musical, una comedia, un romance, todo lo anterior prospera y toma vuelo. Las canciones de Justin Hurwitz son memorables y divertidas, en su mayoría rebotando hacia arriba en acordes crecientes y ritmos de jazz. Nunca se vuelven cansados, a pesar de que los temas clave regularmente son lentos.  Como una comedia, es ocasionalmente divertida, el contenido apenas burbujea junto con un buen sentido del humor. Y como un romance, es encantador y sorprendente, mientras que de alguna manera va logrando ser realista y fantástica.

La cinematografía es sobresaliente; ya sea la captura de una puesta de sol  o una simple escena de la calle. Hay numerosos momentos que se ven y se sienten instantáneamente icónicos. El guión es agudo, particularmente el final. La edición es grande, ya se trate de los cortes ocultos en el número de apertura de una sola toma, o en el vaivén de un argumento de la mesa de comedor.

Pero todas estas fuerzas no serían nada si sus estrellas no se alinearan. Afortunadamente Gosling y Stone tienen una gran química. Su tercera película juntos (después de Crazy Stupid Love y Gangster Squad). Individualmente son también grandes – pueden cantar, pueden bailar, y pueden actuar, con la ventaja agregada que Gosling juega / finge un piano medio del jazz – pero juntos son algo sorprendente.

Es difícil imaginar esta película en manos de dos actores diferentes, tal es la calidad de sus actuaciones. Por supuesto, el verdadero elogio debe ir a Chazelle. Su guión y su dirección arden con una pasión por el tema. La La Land se siente como un musical de Hollywood de la vieja escuela, haciendo referencia a los gustos de Singin ‘In The Rain y American In Paris.

Pero La la land es más que un homenaje. Es fresco y emocionante. Estallando en la pantalla en una mezcla de technicolor, actuaciones descaradas y resonantes acordes sinfónicos. 

Saludos y hasta la próxima

Gerardo López

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